En los tiempos que corren la lucha entre lo antiguo y lo nuevo, lo tradicional y lo moderno, es una batalla que se desempeña en varios frentes simultáneos. Entre ellos, el fútbol también es el lugar de disputa de valores que pugnan por imponerse unos sobre otros. Mediando la década de 1860, las reglas de este deporte inician un proceso de refinamiento, legitimación y consolidación que derivó en la estructura que hoy conocemos pero que distaba, en ese entonces, de parecerse a la actual. En este contexto, en las Islas Británicas se respiraba un ambiente inundado por la popularidad creciente del juego que enfrentaba a once jugadores por lado, persiguiendo la actitud errante de un balón con olor a cuero, y con el único objetivo de abrazarlo entre las redes que tendían de los tres palos.
Con sueños de grandeza, un grupo de jóvenes escoceses de la ciudad de Glasgow fundaban así un 9 de julio de 1867 el Queen’s Park Football Club: la primera institución futbolística de Escocia. El lema del naciente sueño era claro, contundente e inflexible: ludere causa ludendi (jugar por el juego mismo). Desde ese día en adelante el club no abonaría el salario de ninguno de sus jugadores sin excepción alguna. Ni el mismísimo Alex Ferguson, que vistió la camiseta del club entre 1958 y 1960, tuvo el lujo de recibir una sola libra. La decisión no era absurda ni arbitraria; respondía a un clima de profesionalismo que comenzaba a invadir el mundo del pionero fútbol británico y que chocaba contra las tradiciones y los valores fundacionales de este deporte: solidaridad, caballerosidad, respeto y competencia sana.
